El caso de la asignatura desaparecida

Un fantasma recorre Estados Unidos. Es el fantasma de la educación sexual, desaparecida de los currículos escolares por las presiones de los grupos conservadores que han aprovechado las presidencias de George W. Bush para desaparecer del mapa educación que podría ser vital para el bienestar de millones de adolescentes que llegan a la edad de las presiones prácticamente sin armas para enfrentar sanamente su sexualidad.
La asignatura existe, pero según todas las evidencias se trata sólo de una etiqueta, pues en realidad la educación sexual se ha reducido a un mensaje moralista, religioso, para algunos inconstitucional, enfocado en un solo mensaje: abstinencia. Un mensaje casi inútil para un país en el que 70 por ciento de los jóvenes han tenido experiencias sexuales a los 18 años, estén casados o no.
Nicholas Kristof, columnista de The New York Times, lo dice con franqueza: “’Abstinencia solamente’ es un marbete que en la práctica es un asalto contra la educación sexual”. En Estados Unidos, dice, “la educación a favor de abstinencia solamente no tiene que ver con promover la abstinencia: tiene que ver con rehusarse ciegamente a enseñar la anticoncepción”.
Indicios del problema
Los datos dicen que los adolescentes de Estados Unidos son tan activos sexualmente como los canadienses o los europeos, pero son más propensos a padecer impactos negativos de esta actividad. Las mujeres tienen 4 veces más probabilidades de embarazarse que las alemanas y más de 7 veces más probabilidades de tener un aborto que las holandesas; los muchachos tienen cinco veces más probabilidades de contraer Sida que los alemanes, y la tasa de gonorrea entre los adolescentes norteamericanos es ¡70 veces más grande que la de los holandeses o alemanes!
Está claro que algo anda mal en la educación sexual de Estados Unidos. “Promover sólo la abstinencia en la era del Sida es promover la ignorancia. Es inexplicable”, considera James Wagoner, de la organización Advocates for Youth, promotora de una educación sexual integral. Wagoner dice que darle importancia a los programas basados sólo en la abstinencia sexual es absurdo si se considera que menos de uno de cada diez jóvenes es virgen a la hora de casarse.
Pese a las evidencias y pese a las alertas formuladas por los científicos, la administración Bush ha seguido adelante. El presupuesto para el 2006 aumentó los fondos para los programas promotores de la abstinencia en 39 millones, para llegar a 206 millones de dólares.
Michael McGee, de la Federación de Paternidad Planeada de Estados Unidos, dice que “Bush podría ser sincero, pero también está alcahueteando con su base política y poniendo más atención a la ideología que a los hechos”. Para McGee, la educación basada exclusivamente en la abstinencia es “uno de los retos más grandes de la derecha religiosa a la salud sexual del país”.
Educación congelada
Las aulas de Estados Unidos han congelado la auténtica educación sexual, pues aunque los currículos escolares requieren que se mencionen las prácticas anticonceptivas en clase, los maestros han dejado de citarlas por miedo a provocar la ira de los vocingleros grupos de derecha.
“Sólo hace falta que un padre se queje para echar a perder todo para la escuela entera”, agregó McGee. “Lo hemos visto en una comunidad tras otra. Las escuelas quieren a toda costa evitar la controversia”.
Libros que no enseñan
La tendencia está clara. Y los libros de texto siguen silenciosamente el rumbo que marca no el conocimiento, sino los principios morales de grupos basados en la religión. En estos momentos, no es posible hallar en todo Estados Unidos un solo libro de texto de secundaria que mencione, en el apartado de educación sexual, otra cosa que no sea la abstinencia.
La razón tiene que ver con el modo en que se organiza la educación escolar en Estados Unidos. El contenido de los textos no lo definen los educadores, sino un poderoso grupo de padres conservadores que vive en Texas. Cada otoño, los 15 miembros electos del Consejo de Educación de Texas deciden qué libros de texto se aprobarán a nivel estatal. Su decisión abre o cierra la puerta a los libros, y si se considera que Texas compra cada año 400 millones de dólares en libros de texto, se verá la razón.
Los editores de libros no tienen interés en publicar lo correcto, sino en vender libros, así que se mueven al son que les toque la comunidad conservadora de Texas. Por ejemplo, hace años Holt Rinehart Winston propuso un libro de educación para la salud. Su tibia defensa de la abstinencia como método único de prevención disgustó a los miembros del consejo, que además pusieron el grito en el cielo cuando vieron dibujos que mostraban a chicas cómo examinarse el busto para detectar cáncer de mama. El libro quedó fuera de la jugada.
En cambio, el libro de Glencoe McGraw-Hill fue aprobado unánimemente y llegó a controlar 60 por ciento del mercado texano. ¿Qué méritos tenía el volumen? Un funcionario regional lo explicó así: el libro “no discute alternativas a la abstinencia… no promueve un estilo de vida que favorezca la homosexualidad o una agenda contra la familia [y] es el único texto sobre salud avalado por el Consejo de Texas por los Valores Familiares, la Asociación de Familias Norteamericanas y Mujeres Preocupadas por Estados Unidos”.
Además, falsedades
Pero además de la ignorancia que esto promueve, lo peor es que en muchos casos la alternativa es de plano mentirosa. En diciembre, un reporte preparado por el representante Henry Waxman halló que muchos de los adolescentes que participaban en programas “sólo abstinencia” habían aprendido barbaridades como que el aborto puede conducir a la esterilidad y el suicidio, que la mitad de los adolescentes homosexuales varones del país tenían Sida y que tocar los genitales de una persona puede causar embarazos.
El análisis del congresista revisó más de una docena de proyectos que presuntamente buscan evitar los embarazos adolescentes y las STD. Lo que halló fue “información falsa, engañosa o distorsionada”.
“Yo no objeto que se hable de la abstinencia como una manera segura de evitar embarazos no deseados y enfermedades de transmisión sexual”, dijo Waxman. “No pienso que debamos mentir a nuestros hijos sobre la ciencia. Hay algo seriamente equivocado cuando los impuestos federales se están usando para descarriar a los niños sobre hechos básicos de salud”.
Sin resultados
Lo peor del caso no es que se elimine la información sexual de los libros ni que se digan mentiras a los adolescentes. Lo peor es que los programas no están funcionando.
Un reporte reciente elaborado por académicos de Columbia y Yale reveló que los adolescentes que hicieron votos formales de permanecer célibes hasta el matrimonio tienen, respecto a la población base, más probabilidades de implicarse en formas de sexo que incrementan su riesgo de contraer STDs. A saber: sexo anal y sexo oral.
Lo que el nuevo estudio halló es que los jóvenes adultos que habían suscrito votos de virginidad tenían, respecto a los adolescentes que no los habían firmado, seis veces más probabilidad de practicar sexo oral; los varones tenían cuatro veces más probabilidad de practicar sexo anal. Peor aún, los firmantes de estos votos tenían mucha menos probabilidad de usar métodos anticonceptivos al practicar el sexo. ¿La conclusión? Como política social, los votos de castidad y la educación basada en la abstinencia no son efectivos.
Por lo demás, el asunto raya en la ilegalidad, como lo dijo desde hace cinco años un prominente abogado de Cornell, quien consideró que promover una educación sexual basada en la abstinencia tiene el propósito y efecto de avalar una agenda religiosa.
Las palabras de Brian Rosenberg, de Harvard, son más directas y al grano. “En su más reciente discurso sobre el Estado de la Unión, el presidente Bush dijo a los norteamericanos que las iniciativas basadas en la fe transformarían al país ’un alma a la vez’. Dicho llanamente, el gobierno no debe estar en el negocio de salvar almas. Debería estar ayudando a las personas”. Bingo.
Horacio Salazar
03/04/2005




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