Tropiezos y lecciones
Temprano por la mañana, en una habitación de hotel, leo en la portada del Financial Times una noticia bomba: Hwang Woo-suk, orgullo de Sudcorea, el científico líder en estudios sobre células madre, está en serios aprietos.
Uno de sus colaboradores dijo que Hwang le confesó haber inventado partes de la investigación que lo lanzó a la fama. Hwang y su equipo habían publicado en la revista Science que habían logrado crear 11 líneas celulares de células madre embriónicas. Estas líneas serían cultivos de laboratorio constituidos por miles y miles de células madre embriónicas.
No es raro que el estudio fuera recibido a la vez con tanta fanfarria y tantas reservas (hubo muchas opiniones cautas al respecto). Después de todo, las células madre embriónicas son como el Santo Grial para muchas investigaciones biomédicas: ¿quién no querría tener en sus manos, como prometía el reporte de Science, una fuente inagotable de células capaces de convertirse en cualquier tipo de célula deseado?
De pronto, enfermedades como el mal de Alzheimer, el parkinsonismo y muchas otras parecían estar al alcance de lo posible.
Hace semanas, Hwang fue puesto de nuevo en el candelero, pero ahora con un perol bajo sus pies, pues quedó al descubierto que una colaboradora había aportado óvulos para los experimentos, rompiendo así protocolos internacionales de manejo experimental.
Esta semana la temperatura del perol se ha vuelto inaguantable. Dice el FT: "Roh Sung-il, jefe de la clínica de infertilidad de Mizmedi, que proporcionó los óvulos humanos para la investigación, dijo a la televisora MBC que el científico de la Universidad Nacional de Seúl (es decir, Hwang) presionó a un ex investigador para que inventara datos que hicieran aparecer que había 11 colonias de células madre. El doctor Roh, otro coautor del artículo de Science, dijo que nueve de las 11 líneas de células madres eran falsas y que l averaidad de las otras dos era cuestionable".
Como es natural, todo esto no sólo apaga el estrellato de Hwang. También arroja las sombras de la sospecha sobre el aparato de la ciencia en general.
Pero más que ver de inmediato algo común que de pronto es "descubierto", hay que decir que la noticia pone de relieve uno de los puntos más positivos de la investigación científica: a saber, los mecanismos internos de corrección de los estudios.
Hace un par de días, en un recorrido por las instalaciones de investigación que tiene AstraZeneca en Gothemburgo, Suecia, un grupo de periodistas mexicanos escuchamos a numerosos científicos (el centro tiene casi tres mil personas, la mayoría de ellos investigadores asociados a la química orgánica) hablar sobre su trabajo.
En cada momento quedó claro que para ellos la ciencia es un proceso de lenta progresión hacia el conocimiento. La mejor prueba es la propia compañía de capital sueco-británico. Según quedó en claro durante la visita, aquel enorme equipo de investigación pone a prueba muchas moléculas de valor potencial, pero sólo una o dos de cada 100 tiene probabilidades de llegar algún día al mercado. Las demás son desechadas en algún momento del proceso, porque no cumplen las expectativas de los investigadores.
Algo parecido ocurrirá eventualmente con Hwang. Como todos los científicos, será cuidadosamente escudriñado y, si demuestra no cumplir las expectativas de objetividad y veracidad de la ciencia, será hecho a un lado. ¿Qué otra disciplina social tiene mecanismos de corrección tan severos? Ninguna.
Horacio Salazar
17/12/2005





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