El blog que desnudó la censura en la NASA
Así lo dijo un editorial de The New York Times: "La administración Bush desde hace mucho se ganó un lugar especial en la historia por la audacia con la que manipula la ciencia para adecuarla a sus propósitos políticos. Pero estableció un nuevo estándar de cinismo al permitir que la máxima autoridad de la NASA en calentamiento global fuera atropellado por un recomendado presidencial de 24 años que, además de no tener preparación sobre el tema, había inflado su currículum".
El experto en cuestión es James Hansen, director del Instituto Goddard de Estudios Espaciales, de la NASA, y uno de los científicos más prominentes del mundo en materia de cambio climático.
El otro actor de esta farsa se llama George C. Deutsch, una especie de Niño Verde estadunidense.
La novelona ocurrió así. El 6 de diciembre pasado, en la reunión anual de la Unión Geofísica Estadunidense, Hansen declaró que con la tecnología actual, tomando decisiones apropiadas, es posible recortar de manera importante las emisiones de gases causantes del calentamiento global.
Después de esa charla y de otras presentaciones de datos al público, recibió llamadas de funcionarios de la NASA que lo amenazaron con "horribles consecuencias" si seguía pidiendo acciones agresivas. Hansen se quejó a fines de enero en las páginas del Times, y explotó la bomba.
Aunque algunos funcionarios dijeron que ahí todo era abierto, pronto quedó en claro que en el asunto había metido la mano el tal Deutsch.
¿Quién era este muchacho y qué méritos hicieron a Bush nombrarlo directamente funcionario de asuntos públicos de la NASA? A lo que parece, lo premiaron así por haber servido durante la campaña de Bush para reelegirse.
Pronto se supo que sí había habido presiones. Deutsch impidió, por ejemplo, que un productor de la emisora nacional de radio entrevistara a Hansen. Y en unas horas salieron a relucir más casos de intromisión por parte de Deutsch.
Por ejemplo, en octubre ordenó a un diseñador web que trabaja para la NASA que cada vez que viera la palabra Big Bang, la calificara como "teoría". Deutsch dijo que el Big Bang "no es un hecho probado; es una opinión". Y agregó que no toca a la NASA decir algo sobre el universo "que deseche el Diseño Inteligente por un creador".
El periódico, en su recuento del caso, dijo que Deutsch tenía un grado en Periodismo del 2003 por la Universidad de Texas A & M.
El lunes 6, Nick Anthis, graduado en Bioquímica por esa misma universidad y autor del blog Activista científico, publicó un mensaje señalando que Deutsch no se recibió. Dejó la escuela para irse a trabajar con Bush. La Universidad confirmó el hecho el martes 7, y ese mismo día Deutsch renunció.
En la NASA, donde todavía estaba candente un memorando que hizo circular el día 3 el director Michael Griffin (y en el que pedía "apertura científica" en toda la agencia), nadie quiso explicar las razones de la renuncia.
En su editorial del jueves, el Times dijo que lo escandaloso "no fue el fallo de la NASA en revisar las credenciales de Deutsch, sino que este joven político sin calificaciones fuera capaz de imponer su ideología sobre otros empleados de la agencia".
Hansen observó que Deutsch fue sólo un peón en un juego más amplio de la administración Bush que busca politizar cuestiones de ciencia en asuntos clave.
Y el Times concluye, con no poca sorna: "Esto de un presidente que prometió en su discurso del estado de la nación mejorar la competitividad estadunidense gastando más en ciencia".
Horacio Salazar
11/02/2006





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