Aprendizaje obligatorio
Chris Mooney, un brillante y joven escritor de ciencia, realizó una gira promocional a propósito de su libro La guerra republicana contra la ciencia. Y dice que durante sus presentaciones escuchó miles de veces las mismas preguntas en torno a un tema: ¿cómo lograr que el discurso científico sea escuchado, cómo recuperar la relevancia ante los ojos de la sociedad?
Estas preguntas, dice Mooney, son hijas de una nueva realidad: "La comunidad científica -no sólo los científicos, sino todas las personas preocupadas por el papel que juega la ciencia para construir una mejor sociedad- se está dando cuenta de que el conocimiento científico mismo es políticamente vulnerable".
La administración Bush ha atacado a la ciencia en temas como el calentamiento global, la anticoncepción de emergencia e incluso la libre expresión; grupos de ultraderecha están atacando con saña a la teoría de la evolución; y los medios, perdidos en las tonterías del tratamiento equilibrado, inventan debates donde no los hay.
Para Mooney, lo peor del caso es que en conjunto la comunidad científica está poco preparada para defenderse políticamente: los científicos comunican bien a nivel interno pero no saben discutir, y por ello se adoptan decisiones que resultan ser malas, como rehusarse a discutir con la Junta Educativa de Kansas acerca de la Evolución.
¿Qué hacer? "Lo que los defensores de la ciencia debemos aceptar, si queremos combatir con efectividad los ataques políticos, es que tenemos mucho que aprender sobre comunicación política y estrategias".
En concreto, dice, podría adoptarse la noción de someter a prueba y error la comunicación hacia el público. El ejemplo que cita, producido por la consultora Cultural Logic, alude al "efecto invernadero". La metáfora nada más no prende entre el publico porque en realidad son muy pocos los que conocen un invernadero real. Si se usara la frase "cobija de dióxido de carbono", se ganaría de inmediato la noción de por qué la acumulación del gas genera calor en la parte de abajo.
Es importante, dice Mooney, que la comunidad científica (que incluye a los divulgadores, por supuesto) aprenda a hablar en un lenguaje todavía más claro, y defina mensajes que comuniquen con efectividad la relevancia de la ciencia para la sociedad actual. Y si esto es cierto en Estados Unidos, es todavía más fundamental para la ciencia en México.
Horacio Salazar
12/04/2006





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