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Confianza, no; influencia, sí

Un día sí y otro también, los científicos mexicanos se quejan de que "no hay respeto". Y ponen como prueba el estado miserable en que están los presupuestos asignados a la ciencia en México. Esos presupuestos dicen que los científicos tienen escasa influencia en la asignación de recursos, pero muchas veces son vistos como una muestra de que la sociedad mexicana no le tiene confianza a los científicos.

Con todo respeto, eso simplemente no es cierto, pero incluso en caso de que fuera cierto, lo que la ciencia mexicana necesita no es respeto sino influencia. Ayer la fundación BBVA dio a conocer un estudio sobre la confianza, ese peculiar indicador que Francis Fukuyama convirtió en eje de uno de sus libros.

La confianza, sostiene Fukuyama, es la base del capital social y es por tanto un buen indicador de la prosperidad de una nación. Como me dio curiosidad, hice una tabla con los 13 países de la muestra, incluyendo el nivel de confianza en los científicos (mínimo en Japón y el Reino Unido, con 6.0; máximo en Turquía, con 7.8).

Pensé que habría una relación más o menos clara con la prosperidad, pero no fue así. Cuando hice una gráfica de dos ejes, me encontré con que el país donde se tiene más confianza en los científicos, Turquía (7.8), tiene un PIB per cápita de siete mil 400 dólares, mientras que los dos países que confían menos en sus científicos (6.0) tienen ingresos elevados: Japón (29 mil 400 dólares por piocha) y el Reino Unido (29 mil 600 dólares per cápita).

Se me ocurrió entonces graficar el presupuesto destinado a investigación y desarrollo contra el ingreso per cápita en esos mismos países, y salvo algunas discrepancias curiosas, ahí sí hay una tendencia bastante clara: a más inversión, más ingreso per cápita.

La conclusión parece inescapable, y sé bien que nuestros científicos pobres la han dicho una y otra vez en todos los foros imaginables: hay que invertirle a la ciencia porque es una inversión rentable.

Hace cosa de un par de años escuché este mismo mensaje dicho por funcionarios de Irlanda y de Corea del Sur. Ellos saben de qué hablan: hace 30 años sus economías eran del tamaño de la mexicana. Hoy no les vemos ni el polvo. ¿Conclusiones? Nuestros científicos no necesitan más confianza; necesitan más influencia, para que haya más presupuesto.

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