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La reencarnación de la locura

Magia, religión y charlatanería de las psicoterapias “… al alimentar ilusiones de maldad sufrida, los terapistas (de la New Age) con frecuencia causan un daño irreparable a quienes depositan su confianza en ellos. Y hacen esto en nombre de la salud y del cuidado, como lo hacían los clérigos de antaño cuando cazaban brujas y exorcizaban demonios.” Robert Todd Carroll

Marisa se había mostrado renuente a acompañar a su madre a conocer a Magda, psicoterapeuta especializada en regresión de vidas pasadas, manipulación de energía y, de diez de la mañana a dos de la tarde, estilista profesional. El currículo de Magda incluía haber sido esposa de un rey persa, bailarina de ballet, y una actriz de cine muy famosa.

Por si fuera poco, en más de una ocasión los extraterrestres la habían elegido como cobaya de sus misteriosos experimentos. ¿Quién más calificado que Magda para devolver la salud a Marisa? La mamá de Marisa sabía –porque Magda así se lo había asegurado- que sus dolencias físicas eran producidas por la propia mente de Marisa, como consecuencia de un trauma ocurrido en alguna de sus vidas pasadas o debido a que sufrió demasiado al llegar de nuevo a este mundo, durante su enésimo nacimiento.

Magda la hipnotizaría, la ayudaría a revivir ese trauma y asimilarlo, la guiaría en su nuevo nacimiento espiritual y, si el tiempo y el dinero de Marisa alcanzaban, hasta mejoraría su horrible corte de pelo. No por nada la psicoterapia es una ciencia tan efectiva como cualquier otra, incluyendo la medicina y la psicología. ¿O no es así?

Antes de apresurarnos a responder, sería bueno esclarecer un poco a qué se refieren psicoterapeutas como Magda cuando hablan de su área de competencia profesional, lo que requerirá más de una línea –inclusive un libro-, si queremos conocer el catálogo de avanzadas técnicas utilizadas por los chamanes de la New Age.

Pero no nos confundamos: que sean avanzadas no implica que Magda y sus colegas tuvieran que estudiar durante años, desvelarse noches enteras, pasar horas en bibliotecas y salones de clase, ni practicar continuamente en clínicas y hospitales bajo la guía de otros especialistas. Por fortuna para ellos, los psicoterapeutas se convierten en expertos médicos de cuerpos y almas mediante diversas vías que los proveen de todos los conocimientos necesarios –con la ventaja extra de jamás necesitar tomar cursos de actualización. ¡Muéranse de envidia, psicólogos y médicos!-.

Sin ser mutuamente excluyentes, los elementos de la siguiente lista son posibles fuentes de la sabiduría de los psicoterapeutas: 1) canalización de alguna deidad (psicoterapeuta de cinco estrellas), espíritu, ángel o extraterrestre (psicoterapeuta de tercera categoría); 2) acumulación de conocimiento y experiencia provenientes de vidas pasadas y futuras –con lo que se asemejan al Chamán, superhéroe de las páginas del cómic The Authority (“La Autoridad”) –; 3) haber nacido con ese don, sin que ello signifique que forme parte de su herencia genética.

Gracias a estos maravillosos atajos, los psicoterapeutas pueden graduarse en su especialidad sin necesidad de engorrosos exámenes, ni títulos profesionales. Psicoterapeutas más modestos, o menos megalómanos, no deben afligirse, pues existen cursos que los capacitan en cuestión de unas horas para poder asomarse a nuestras mentes, entender que nuestras alergias son simplemente rechazos mentales hacia algo, que el cáncer es rechazo hacia uno mismo, o que la miopía se debe a que nuestros prejuicios nos impiden ver bien y, después de algunas sesiones, conseguir que nosotros mismos nos curemos bajo su supervisión.

Una descripción detallada de algunas de las psicoterapias New Age más populares aparece en Crazy therapies (“Terapias chifladas”), de Margaret Thaler Singer y Janja Lalich. La mayoría de los psicoterapeutas, de acuerdo con estos autores, se ven a sí mismos más como guías espirituales que como médicos o científicos. De hecho, les enorgullece su falta de conocimientos científicos.

Ninguna psicoterapia New Age tiene validez científica alguna; Robert Todd Carroll, autor del Skeptic’s dictionary(“Diccionario del escéptico”), considera que todas ellas son una mezcla de metafísica, religión y charlatanería, pues a sus seguidores no les interesan los hechos ni la verdad. Se trata de pseudociencia porque no existe forma alguna de poner a prueba su validez, de comprobar su eficacia en el tratamiento de una enfermedad, así sea como un “efecto placebo” mediante el que la autosugestión del paciente lo ayude a recuperarse.

Como muestra de la casi demencial gama de psicoterapias enlistadas por Thaler y Lalich, tenemos:

  • la teoría de la respiración de energía, según la cual si uno aprende a respirar bien la energía, podremos exhalar nuestras enfermedades y el dolor físico o emocional;
  • la teoría de la regresión y de la “repaternidad”, en la que el psicoterapista se convierte en padre sustituto del paciente y remedia todos los traumas y complejos que tenemos como consecuencia de la mala crianza sufrida en manos de nuestros padres;
  • la teoría del renacimiento, que atribuye todos nuestros problemas a la forma en que nacimos. Si se nos ayuda a nacer de nuevo, ahora apropiadamente, sanaremos;
  • la teoría del “niño interno” que todos llevamos dentro, con quien tenemos que ser buenos y al que debemos nutrir si no queremos sufrir las consecuencias en nuestro equilibrio emocional y físico;
  • la hipnoterapia, en la que, gracias a la hipnosis, el paciente recuerda sus vidas pasadas, soluciona problemas en ellas y, como efecto secundario, recupera su salud en su vida actual. Es impresionante el porcentaje de psicoterapeutas y pacientes que, una vez hipnotizados, recuerdan haber sido raptados por extraterrestres –gnomos, faunos, chaneques, hadas y otros personajes fantásticos son objeto de la más brutal indiferencia en el siglo XXI. Hasta el folklore ha sido alcanzado, y rebasado, por la modernidad-;
  • una teoría en la que el paciente, para curarse, debe usar pañales, chuparse el pulgar y tomar leche en un biberón;

Lo único que, al parecer, tienen en común todas las psicoterapias es adjudicar la culpa de todos los males al propio paciente. En cuestión de minutos, o de algunas sesiones, los psicoterapeutas New Age aseguran determinar la causa de los problemas de cada uno de sus pacientes y, al informarle de ella, lo encaminan a la curación.

“La calidad de la vida del paciente”, afirma Todd Carroll, “la interacción del paciente en escenarios sociales significativos, como son su familia, sus amigos y colegas de trabajo, es irrelevante. Tener la confianza del terapeuta es todo lo que importa.” Que el paciente cargue con el peso de la culpa, inexistente en la realidad –o, por lo menos, no de la forma en que postulan los psicoterapeutas-, de haber ocasionado su propia enfermedad es lo de menos.

Si las psicoterapias pueden, por lo menos, darle esperanzas a un enfermo, ¿qué importa que no tengan fundamento científico alguno? ¿No son entonces tan inofensivas como darle una cucharada de miel a un niño mientras se le dice que con eso se aliviará más rápido?

En muchos casos, los pacientes y sus familiares pierden dinero y tiempo valiosos que podrían utilizar en medicinas y tratamientos adecuados. Poco o nada de esto será recuperable alguna vez. Ni siquiera, aun haciendo caso de las creencias New Age, en su próxima reencarnación.

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