Telebasura
Frente a la inminente posibilidad de que la Constitución sea restaurada ante el avasallamiento ominoso por la “Ley Televisa”, perpetrada el año pasado por el duopolio televisivo con la complicidad de legisladores de todos los partidos, habría que ir más allá del pronunciamiento jurídico de anticonstitucionalidad, y se tendría que exigir el respeto de algunos artículos establecidos desde 1960 en la Ley Federal de Radio y Televisión, vigentes aún en la legislación dictada desde Chapultepec 18, y que no han sido cumplidos del todo.
Me refiero al artículo 11, que establece que la Secretaría de Educación Pública tiene las atribuciones de promover programas de interés cultural, cívico y educativo, en todas las estaciones de radio y televisión, y al artículo 10, que obliga a la Secretaría de Gobernación a “vigilar que las transmisiones de radio y televisión dirigidos a la población infantil propicien su desarrollo armónico, estimulen la creatividad y la solidaridad humana, procuren la comprensión de los valores nacionales y el conocimiento de la comunidad internacional”.
Basta echarle un vistazo a la programación de Televisa y Tv Azteca, para darse cuenta de que no se cumple la ley y lo que campea es la “telebasura”, plagada de programación violenta, estupidizante, carente de sentido común, que degrada y no promueve el interés por la cultura, ni la ciencia, ni la historia. La escuelita VIP es el caso prototípico y predominante.
Telebasura que transmite valores y “educa”, pero no con los mejores preceptos basados en el conocimiento, sino en aquéllos sustentados en la frivolidad, el consumo, la desinformación y el control político-social.
El país requiere una televisión y una radio modernas, competitivas, que brinden todo tipo de programación con información variada y rica. Que reflejen el acontecer mundial y nacional, que divulguen la cultura y la ciencia.
Pero en la televisión mexicana, la divulgación de la ciencia no tiene cabida. Sin embargo, casos exitosos como National Geograpic Channel y Discovery Channel demuestran que se puede combinar perfectamente la calidad, la ciencia y el entretenimiento. Donde la educación y la información no están peleadas con el negocio.
Ojalá que la nueva ley propicie que el uso del espectro radioeléctrico –propiedad de toda la sociedad mexicana–, contribuya al desarrollo de nuestra nación y vigile que ya no se inunde la pantalla chica con pura telebasura.
Arturo Barba
08/05/2007





Enviar un comentario nuevo