A Darwin le olían los pies
Pocos personajes hay tan ricos y peculiares en la multiforme historia de las ciencia como Charles Darwin (1809-1882), el sencillo y aburguesado aspirante a clérigo que terminó sacudiendo al hombre de su trono para insertarlo como una hoja en el frondoso árbol de la evolución.
Pocos personajes hay también tan poco conocidos como Darwin. Si su teoría fundamental es escasamente conocida; si sus numerosas otras obras son casi inexistentes opacadas por Sobre el origen de las especies y unos cuantos volúmenes adicionales, la vida misma del autor es, para el público en general, poco más que un par de anécdotas y un puñado de lectores comunes.
Para fortuna de quienes puedan interesarse por ir más allá de lo obvio, la vida de Darwin ha sido analizada y vuelta a analizar por historiadores de la biología, y hay unas cuantas biografías espléndidas que tratan de ir más allá de los clichés. Sin embargo, para los verdaderamente curiosos, aquellos que siguiendo el consejo de Stephen Jay Gould tratan de ir siempre directo a la fuente de cada asunto, pero que no disponen de los medios para viajar físicamente hasta Inglaterra, internet se ha vuelto una verdadera cueva del tesoro.
No es exageración. En 2002 nació el proyecto Darwin Online, al amparo de la Biblioteca de la Universidad de Cambridge. El proyecto contiene unas 50 mil páginas de texto, grabaciones de audio de sus libros y alrededor de 45 mil imágenes. Este año se le agregaron, cortesía de un bisnieto de Darwin, los diarios de Emma Darwin, la esposa del gran naturalista.
Desde 1974, es decir, hace 33 años, existe el proyecto La correspondencia de Darwin, una tarea hercúlea si se considera que aquel hombrecillo formidable fue un escritor incansable de cartas. Se estima que se carteó con unas dos mil personas (muchos científicos, pero también diplomáticos, clérigos, jardineros y criadores de palomas) y que sobreviven de aquel intercambio epistolar más de 14 mil 700 misivas, felizmente alojadas en Cambridge.
Hasta ahora el proyecto ha publicado sus cartas hasta 1867 y los historiadores están trabajando en un volumen correspondiente a 1868. Les faltan las cartas hasta 1882, así que tienen tarea para rato. Llevan publicados en forma de libro 15 volúmenes, y coronarán su obra con 30 volúmenes.
La novedad, a la que al fin estoy llegando después de tan largo preámbulo, es que a partir de este mes de mayo el proyecto epistolar se ha mudado al mundo de internet, bajo el nombre Darwin Correspondence Project. Tiene los textos completos (¡y buscables!) de unas cinco mil cartas, más resúmenes de otros nueve mil.
Para muchos Darwin puede ser una figura monolítica, rígida y escasamente humana. Huelga decir que la lectura de cualquier biografía del tímido y achacoso naturalista borra tan sencillas ideas. Darwin fue un personaje profundo y lleno de recovecos, y la publicación de su correspondencia permitirá a muchos más ver esto en detalle: las notas que registran la buena nueva comentan dos anécdotas peculiares registradas en sus cartas. En una, a los 12 años, escribe a su hermana Caroline que en la escuela donde estudiaba sólo se lavaba los pies una vez al mes; en otra comenta alegre que el viaje emblemático en el HMS Beagle le permitirá una larga juerga alrededor del mundo.
Esto no sólo desacralizará un tanto al científico cuyas imágenes más conocidas lo representan pelón y con una larga barba blanca; también permitirá a muchos escépticos seguir paso a paso sus titubeos, dudas y vacilaciones conforme se fue dando cuenta de que tenía en su cerebro una teoría que sacudiría profundamente el conocimiento humano.
Un tesoro adicional también podemos apreciarlo gracias a Gould. Este erudito a quien todavía extrañamos, en sus numerosos ensayos se esforzó por recordarnos siempre que si los resultados de la ciencia parecen lineales, es sólo porque los vemos a partir del estado final, pero que la ciencia avanza más bien a tropezones, con muchos retrocesos, muchos callejones sin salida, muchas rutas erradas.
Las cartas de Darwin, dice Alison Pearn, a cargo de la Biblioteca de la Universidad de Cambridge (nada menos), muestran que el científico británico no llegó a su magna concepción directo y sin escalas. En sus cartas, apunta, "hay discusiones sobre teorías emergentes, y también sobre aquellas que realmente nunca alcanzaron a despegar".
Sin duda hay en el repositorio mucha información que llegó ya a los trabajos eruditos, pero sin duda también hay mucha más esperando ojos atentos para nuevas interpretaciones y nuevos detalles sobre la vida de este revolucionario de gran modestia.
Como el 12 de febrero de 2009 se conmemora el bicentenario de su nacimiento, este es un aviso para los amantes de la biografía, que tienen de plazo hasta entonces para aprovechar los repositorios aquí citados para hacer su propia aportación a lo que sin duda será una marejada de tinta (pues también se celebrará en 2009 el sesquicentenario de la publicación de Sobre el origen de las especies).
Horacio Salazar
21/05/2007




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