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Respirando cochambre

Contaminación en México

Cof, cof, cof. Sabemos bien lo que pasa cuando respiramos mugres. Cof, cof, cof. Nuestra capacidad para respirar disminuye, y se recupera en cuando respiramos aire limpio. Expuestos a contaminantes en el corto plazo, padecemos mermas pulmonares que por fortuna son reversibles. ¿Pero qué pasa cuando estamos expuestos al mugrero de manera crónica?

Podemos inferir que una exposición crónica traerá aparejados problemas crónicos, pero una cosa es inferirlo y otra cosa es demostrarlo. Ahora un equipo de investigadores mexicanos y estadunidenses lo probó de manera clara.

Rosalba Rojas Martínez (Instituto Nacional de Salud Pública), Rogelio Pérez Padilla (Instituto Nacional de Enfermedades Respiratorias) y otros autores de la UNAM y de la Universidad de Carolina del Norte en Chapel Hill estudiaron durante tres años lo que ocurre con los niños que respiran el aire viciado de la ciudad de México.

Su objetivo era evaluar la asociación entre el desarrollo de la función pulmonar en niños de ocho años y la exposición de largo plazo a ozono (O3), partículas menores a 10 micrómetros (PM10) y dióxido de nitrógeno (NO2).

Siguieron durante tres años a tres mil 170 niños que asistían a 39 escuelas primarias elegidas al azar pero ubicadas cerca de diez estaciones de monitoreo de la calidad del aire. Visitaron a los niños cada seis meses y recogieron una montaña de datos.

Otra vez, como dice la canción de Alberto Cortez, la conclusión fue clara y contundente. Hubo una clara asociación entre incrementos en estos contaminantes y deficiencias en la función pulmonar.

En particular, los científicos (que reportaron su trabajo en la revista American Journal of Respiratory and Critical Care Medicine) evaluaron dos variables llamadas FVC y FEV1, que se relacionan con el volumen de aire que uno puede echar fuera de los pulmones. Las variables miden, en litros, nuestra capacidad para respirar.

Cada aumento de 11.3 partes por mil millones en el ozono mermó en 12 y 4 mililitros la variable FEV1 de niños y niñas. Cada aumento de 36.4 microgramos por metro cúbico de PM10 decreció en 15 y 11 mililitros la variable FEV1 de niños y niñas. Cada aumento de 12 partes por mil millones de dióxido de nitrógeno bajó en 25 y 30 mililitros la variable FEV1 en niños y niñas. Por eso necesitamos limpiar el aire capitalino. Ya.

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