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Los mayas y los nanomateriales

Después de un largo y seco verano, el cielo lucía deslavado y huérfano de nubes. Era hora, decidieron los sacerdotes, de hacer una ofrenda al viejo Chac. Prepararon a las víctimas, llevaron los ingredientes a la orilla del Cenote Sagrado, e iniciaron el ritual.

En un gran recipiente pusieron a quemar a fuego lento una arcilla especial a la que agregaron hojas de índigo. Tanto la arcilla como el índigo eran usados como medicinas, y lo mismo era cierto del tercer ingrediente: resina de copal, un incienso común en la Mesoamérica clásica.

Al cabo de un rato se vio el producto de sus afanes: una pintura pastosa y de vivo color turquesa que al paso de los siglos acabaría bautizada como azul maya: un pigmento tan resistente que aguanta hasta el impacto de un solvente moderno, y tan brillante que siglos de deterioro no han podido acabar con él en mil sitios del mundo maya.

Como se relata en la historia de portada de esta sección, arqueólogos de Estados Unidos reportaron haber descifrado algunos de los últimos misterios del azul maya. En concreto, dicen que el copal en efecto era el tercer ingrediente de la mezcla que producía el tinte, y que el producto no tenía fines comerciales sino rituales: una vez terminado de fabricar, lo usaban para pintar ofrendas a Chac: desde objetos hasta víctimas humanas a las que tal vez incluso arrancaban el corazón.

La nota no dice que muchos de los estudios científicos sobre el azul maya han sido realizados por investigadores mexicanos al paso de las décadas.

En particular, habría que mencionar el trabajo del historiador y químico Constantino Reyes Valerio, quien murió a fines de 2006 y realizó mucho del trabajo en que se basaron los estadunidenses. Puede verse un homenaje a su trabajo en http://www.azulmaya.com.

Y otro descubrimiento notable que vale la pena citar es el que reportaron en Science, en el ya lejano 1996, Miguel José Yacamán y colegas. El reporte en cuestión señalaba las causas del extraordinario brillo del azul maya. Una cosa es que dure y otra que sea tan vívido. Yacamán y equipo encontraron que el brillo se debe a la presencia de nanopartículas metálicas (hierro, manganeso, cobre y titanio).

¿Sabían los mayas trabajar con nanopartículas hace siglos? No, lo más probable es que éstas fueran producto de la quema de Indigofera suffruticosa, el índigo.

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